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Reaparece en EU pieza clave en el caso del reportero Alfredo Jiménez PDF Imprimir E-mail

El levantón, cuando pasó, fue perfecto. Sin cuerpo, sin testigos, y casi tres años después, silencio; un secreto a voces que cala en todo Sonora, desde el nivel del gobierno del estado hasta el federal, en los medios y hasta en la ciudadanía.

Pero las viejas historias tienen una forma de resurgir, y ahora, una de las figuras claves que nunca fue totalmente investigado en relación a la desaparición del periodista sonorense Alfredo Jiménez Mota, reportero de notas sobre crimen organizado, se encuentra bajo el reflector incómodo de las autoridades judiciales estadounidenses.

Jiménez Mota, que en ese tiempo contaba con 24 años, desapareció el 2 de abril de 2005, luego de haber publicado los perfiles de algunos de los narcotraficantes más exitosos que en ese entonces operaban en Sonora, figuras del bajo mundo del crimen organizado que estaban subordinados a los jefes del crimen en Sinaloa, El Barbas, Arturo Beltrán Leyva, y El Chapo, Joaquín Guzmán Loera.

La explicación extraoficial sobre la desaparición del reportero fue que Los Güeritos, una banda de hermanos narcotraficantes con base en Navojoa, Sonora, secuestró y asesinó al joven reportero debido a la publicación de sus notas periodísticas, las cuales vinculaban a la familia Enríquez Parra con más de 70 asesinatos en la región, y a un corrupto jefe de la policía mexicana arrestado en los Estados Unidos por tratar de sobornar a un oficial de la ley estadounidense.

De acuerdo con un reporte de inteligencia del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), Los Güeritos eran la banda enlace para el tráfico de drogas hacia Arizona.

Un narco-corrido de Los Alteños de la Sierra los describe mejor:

En principio, el motivo parecía lógico,  excepto por el hecho de que el primer narcotraficante que Jiménez Mota extrajo de las sombras del bajo mundo para exponerlo a la luz pública fue un narco de Chihuahua, Adán Salazar Zamorano.

En un artículo de enero de 2005 para el diario El Imparcial, Jiménez Mota relacionaba a Salazar Zamorano con el homicidio de un Ministerio Público de Navojoa, Francisco Rafael Flores Cárdenas.

El artículo, “Ordenó un Narco Matar a MP Federal”, alarmó a los oficiales de alto nivel de la PGR y AFI en Sonora. La fuente del artículo era alguien dentro de la PGR.

Un mes después, dos agentes de la AFI fueron a las oficinas editoriales del periódico exigiendo saber quién había sido la fuente para esa nota publicada en primera plana.

Flores Cárdenas fue asesinado en noviembre de 2004 a sólo unos metros de la estación de policía en Navojoa.

Según el artículo de Jiménez Mota, la PGR investigaba a Salazar Zamorano sobre ese homicidio porque tenían información de que este narcotraficante había pagado $15,000 dólares por la ejecución del ministerio público.

Salazar Zamorano ordenó el asesinato de Flores Cárdenas porque éste a su vez había ordenado eliminar a un ex-ministerio público, Rafael Pável Torres Flores.

Este hombre, muerto en marzo de 2004, estaba ligado con Salazar Zamorano a través de su esposa, de acuerdo con el artículo de Jiménez Mota.

Esa fue la última vez que el nombre de Adán Salazar Zamorano apareció en un periódico sonorense, y este hombre que tiene una enemistad con Los Güeritos que data desde la década de los 90’s, de nuevo se desvaneció de la luz pública.

De acuerdo con información pública de la U.S. Marshal’s Office de los E.U., Salazar Zamorano fue procesado en ese país por tráfico de cocaína en mayo de 2006.

Los cargos permanecen por parte de un juez federal y acusan a Salazar Zamorano, de 63 años de edad, de conspiración por tráfico de cocaína en los Estados Unidos.

Su hijo, Jesús Alfredo Salazar Ramírez, de 33 años, también ha sido acusado de traficar con cocaína en los Estados Unidos.

La historia de los Salazar data desde finales de los 80’s, de acuerdo con un oficial del Departamento de Justicia de los E.U. que accedió a hablar bajo condiciones de anonimato.

La DEA relaciona a los Salazar con un famoso decomiso de 21 toneladas de cocaína en el sur de California en septiembre de 1989 en lo que vino a conocerse como el Decomiso Sylmar.

En esos tiempos, los narcotraficantes colombianos comenzaban a mover la cocaína por México debido a la facilidad de los puertos de envío mexicanos y al surgimiento del Cártel de Guadalajara comandado por Rafael Caro Quintero y Miguel Félix Gallardo.

El Decomiso Sylmar marcó un importante punto de referencia en los métodos empleados por los grupos de narcotraficantes mexicanos y resultó en el surgimiento de muchas de las figuras del crimen organizado que operan en la actualidad.

Veintiún toneladas y media de cocaína fueron almacenadas en una bodega en Sylmar, California, debido a una disputa entre narcotraficantes colombianos y mexicanos.

Después de esta importante pérdida, los narcos colombianos comenzaron a pagarles a los transportistas mexicanos con cocaína en vez de con dinero en efectivo. Como resultado, los traficantes mexicanos ahora movían su propia cocaína.

Durante una audiencia posterior del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, los oficiales de la DEA estimaron que la bodega Sylmar había almacenado 55 toneladas de cocaína provenientes de El Paso, Texas, hacia Los Angeles. El Paso ahora es terreno de Salazar Zamorano.

El decomiso de Sylmar presentó una oscura realidad para las autoridades de los E.U.  Pese al enorme golpe al narcotráfico, hubo poco cambio en el precio de la droga en las calles.

“Uno de los aspectos más inquietantes en este caso fue que hace 10 años, medíamos los decomisos en gramos y libras. Ahora, de manera rutinaria medimos los decomisos en toneladas, incluso en multi-toneladas,” declaró el administrador de la DEA al comité del Senado en esa ocasión.

Casi 20 años después, parece que los Estados Unidos están preparando el caso en contra de Salazar Zamorano.

Mientras tanto en México, las autoridades permanecen en silencio.

“Quizá hay temor ahí,” dice el oficial del Departamento de Justicia.

 
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