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Los que Alfredo se llevó: sinaloenses involucrados en el caso del reportero | Los que Alfredo se llevó: sinaloenses involucrados en el caso del reportero |
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No son éstos los únicos homicidios que se relacionan a la desaparición y asesinato del periodista. En torno a este hecho que sigue agraviando a su familia, al oficio periodístico y a la sociedad entera, se han hilvanado una serie de asesinatos e historias que en vez de arrojar luz sobre el caso lo oscurece más. Con un ingrediente adicional: muchos de los personajes de esta reseña trágica son sinaloenses. Los primeros crímenes Fue el 14 de mayo de 2005 cuando, en un lapso de ocho horas, los cuerpos de tres hombres fueron encontrados. Al amanecer de ese día se reportó a las autoridades el hallazgo de dos cuerpos en el interior de un dren cercano a la colonia Allende de Ciudad Obregón. Uno de ellos tenía un alambre que lo ataba de los pies al cuello y murió por asfixia. El otro tenía cuatro balazos en el cuerpo. Uno de ellos fue identificado de inmediato. Era Jesús Leonardo Mendívil Ramos y vivía en la colonia Aviación, de Navojoa. Después se logró conocer la identidad de otra de las víctimas. Se trataba de Juan Ausencio Félix Moroyoqui, también de Navojoa. Era músico, integrante del grupo Los Bajadores de la Sierra, pero también gatillero de la mafia en sus ratos libres. Por la tarde, se encontró un cuerpo más en otro dren, éste cercano a la colonia Rosales. Era Juan Francisco Enríquez López, ex agente de la policía municipal de Ciudad Obregón. Estaba envuelto en una lona, esposado y con un tiro en la cabeza. Esa semana fueron ejecutados ocho hombres en Sonora. La plaza se calienta La desaparición del reportero oriundo de Empalme, Sonora y que contaba con 26 años de edad, desató una serie de protestas de los periodistas, no sólo en Sonora y Sinaloa, donde también trabajó para varios medios, sino en todo el país. La Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (Siedo) orientó sus pesquisas hacia el narcotráfico, principalmente hacia las organizaciones de los hermanos Enríquez Parra (que trabajaban para El Chapo Guzmán y los hermanos Beltrán Leyva), y la de Adán Salazar, que opera en el sur de Sonora. Alfredo Jiménez había publicado en el diario El Imparcial de Hermosillo, en el que trabajaba al momento de su desaparición, reportajes que involucraban a estos personajes en el trasiego de drogas hacia los Estados Unidos. No ha quedado claro hasta ahora quién o quiénes fueron los autores intelectuales y materiales del crimen contra el periodista, pero fue evidente que la plaza se calentó para todos con este hecho. En una visita que el entonces presidente de la república Vicente Fox realizó a Sonora, tuvo que hablar con los padres de Alfredo, ante quienes se comprometió a aclarar y castigar los hechos. Decenas de investigadores de la Siedo llegaron a Sonora y fueron frecuentes las visitas de quien entonces era su titular, José Luis Santiago Vasconcelos. Pero no presentaban aún ningún avance en las investigaciones, cuando la televisión nacional, en El Noticiero, de Joaquín López Dóriga, presentó el insólito testimonio de las hermanas Elba Nidia y Johana Palma Morquecho, de 31 y 13 años, quienes supuestamente habían sido secuestradas en Ciudad Obregón, Sonora. Las mujeres aseguraron haber sido privadas de su libertad el 2 de junio por hombres armados y trasladadas a un rancho ubicado afuera de la ciudad. Después se supo que este rancho pertenecía a los hermanos Enríquez Parra. Las hermanas Palma dijeron haber sido testigos de un multihomicidio y de haber escuchado conversaciones telefónicas entre sus secuestradores y un tal (Roberto) Tapia Chan. De esas conversaciones, dijeron, pudieron establecer que sus captores eran los autores del homicidio de Alfredo Jiménez Mota. La batida de la Siedo A la aparición súbita de las hermanas Palma Morquecho siguieron las acciones de la Siedo contra las organizaciones de los hermanos Enríquez Parra y de Adán Salazar Zamorano. Decenas de ranchos, casas en las ciudades, vehículos, armas y drogas fueron decomisados por la PGR. A Los Números les fueron incautados siete ranchos, cinco casas y vehículos. A Salazar Zamorano le decomisaron cuatro ranchos y siete casas, la mayoría de estas propiedades en Navojoa. En el rancho Las Tierritas, ubicado en la carretera Navojoa-Ciudad Obregón, la Siedo encontró un zoológico privado donde había leones y tigres. En total, informó la PGR, fueron decomisados en estas acciones bienes por un valor de 46 millones de pesos, pero de los narcos, ni un rastro. Crimen en El Fuerte La desaparición de Alfredo Jiménez Mota y sus secuelas está llena de sicarios sinaloenses, algunos muertos, otros detenidos. Uno de ellos, Gelasio Beltrán Medina, originario del poblado Los Ojitos, municipio de El Fuerte, fue acribillado la última semana de agosto de 2005. El Chueco, como le decían, se había refugiado en su tierra debido a la presión que la Siedo estaba ejerciendo en Sonora sobre Los Números y su jefe, Raúl Enríquez Parra. La tarde que lo mataron, Gelasio, que navegaba con bandera de ganadero y agricultor, recibió 17 balazos de AK- 47 cuando viajaba en su camioneta Sonora, modelo 2003. Gelasio Beltrán tuvo un hermano, José Rosario, que participó en el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el aeropuerto de Guadalajara, aquella mañana del 24 de mayo de 1993. Gelasio también estuvo ahí pero logró fugarse. De acuerdo con información en manos de la Siedo, El Chueco Beltrán participó en muchos crímenes, siempre protegido por las policías locales de Sinaloa. Durante la Semana Mayor del 2005, Gelasio mató a un policía municipal en el poblado Jahuara y participó en un asalto al banco de El Carrizo. Por esa fecha, El Chueco y sus gatilleros asesinaron a cinco personas en Yécora, Sonora, por órdenes de Raúl Enríquez. Informes de inteligencia del gobierno federal a los que Ríodoce tuvo acceso, establecían desde antes de que Beltrán Medina fuera asesinado, que éste se escondía en esa zona, que conocía como la palma de su mano. Señalaban, además, que el propio Raúl Enríquez Parra se guarecía en el poblado El Potrero de Cancio, municipio de Choix. Los mismos informes afirman que el asesinato de cuatro mujeres en Los Tablones, municipio de San Blas, en el mes de marzo de 2005, estuvo a cargo de El Chueco y sus gatilleros. Ahí murieron Claudia Pérez Berrelleza, quien tenía ocho meses de embarazo, Marina Román Sauceda, Claudia Román Gallardo y Blanca Gallardo. Nunca se les castigó por este crimen. La muerte de El Nueve Pero las cosas no pararían ahí. El 22 de octubre de ese mismo año, una noticia conmocionó a Sonora: Raúl Enríquez Parra, conocido como El Nueve y Rolando, fue encontrado muerto junto con otros tres hombres. Fueron arrojados desde una avioneta y sus cuerpos mostraban claras huellas de tortura. Los cuerpos, envueltos en cobijas, fueron encontrados en los ranchos Las Milpas y Piedra Baya, a 12 kilómetros al oriente de Masiaca, municipio de Navojoa. Todos estaban esposados. Dos de ellos eran de Sinaloa, uno de El Fuerte, y el otro de Guasave. Muchas interpretaciones tuvo el asesinato de Raúl Enríquez Parra, aunque la verdad no haya sido dicha hasta ahora. Se especuló que los hermanos Beltrán Leyva o el propio Joaquín El Chapo Guzmán le habían cobrado con la vida el hecho de haber calentado una zona que es estratégica para el trasiego de las drogas. Pero también se dijo que los capos sinaloenses lo habían entregado a la PGR como condición para que terminaran los cateos y dejaran en paz las operaciones del narco en la región. Otros atribuían el crimen a una reacción de Adán Salazar, pues también su organización estaba siendo golpeada a causa de la desaparición de Jiménez Mota. Lo cierto es que a partir de este crimen las cosas fueron tomando su nivel, aunque los asesinatos en torno a la desaparición de Alfredo Jiménez Mota continuarían. Septiembre se tiñe de rojo Otro crimen ligado a la desaparición de Alfredo fue el cometido contra Juan Antonio Montoya García, El Montoyita, de 33 años. Fue asesinado el jueves 7 de septiembre de 2006 en Hermosillo, cuando era acompañado por su hija, quien resultó herida. Montoya había sido agente de la Policía Judicial del Estado de Sonora y se le atribuyó participación en una balacera ocurrida en una plaza de cines en Hermosillo, en la Semana Mayor de ese año. Tanto Montoyita como su hermano Andrés, funcionario del sistema penitenciario de Sonora, tenían relación con el reportero, pues al parecer le servían de fuentes de información. Al ser asesinado Montoya, los medios de Sonora adelantaron que ahora sí se esclarecerían muchas cosas en torno a la desaparición de Alfredo, pero no pasó nada. Mensaje y ejecución Un día de otoño de 2006 llegó a la redacción de Ríodoce un mensaje anónimo alertando sobre el posible paradero del cuerpo de Alfredo Jiménez Mota: “El cuerpo de Alfredo Jiménez Mota está en casa de Armando Coronado Zazueta, alias el Caribú, en Villa Itson, en Ciudad Obregón. Según entiendo trabaja para Los Números y él es quien se encarga de los fletes de coca y mariguana hasta Sonoita, Sonora. El 25 de noviembre del 2004 se publicó en El Imparcial una nota de 3 detenidos con mil pesos en efectivo (se me hace poco, pero tal vez hubo más detalles en la nota Los tres hacían levantotes para Coronado… (El mensaje se refería a la detención, el 24 de noviembre de 2004, de Francisco Javier Leyva Borbón, María Guadalupe Ruiz Cázarez y Amado Cruz Fierro, todos oriundos de Navojoa. Durante una inspección de rutina, la PJE les encontró 100 mil pesos que no pudieron justificar. Circulaban en una camioneta Silverado sin placas, propiedad de Manuel Avitia López. Semanas después del mensaje, el 20 de diciembre de 2006, Manuel Armando Coronado Zazueta fue asesinado en Hermosillo junto con su esposa, de 27 años de edad. Se llamaba María Eugenia Rojo Murrieta. Los dos eran originarios de Sinaloa. Viajaban en un vehículo Dodge, Nitro 2007 sin placas de circulación. La pareja circulaba por la calle Obregón de norte a sur cuando dos vehículos, una camioneta Silverado azul y otra Cheyene PickUp se les emparejaron y dispararon fusiles de asalto. Los dos murieron en el lugar del atentado. Los asesinos vestían de negro. Dos meses después, el 22 de febrero del presente año, fue detenido en Culiacán Maximino Vidaña Zavala, de 33 años de edad. Es originario de Culiacán, ex militar y trabajó en una de las policías estatales. Fue detenido porque los servicios periciales detectaron en la camioneta Cheyene que usaron los sicarios para cometer el crimen sus huellas digitales. La policía de Sonora dijo que el testimonio de los que presenciaron el doble asesinato sería vital para establecer la participación de Vidaña en los hechos. Avalancha fugaz El 19 de septiembre de 2005, el periodista Jesús Blancornelas (qepd) escribió en su columna Conversaciones Privadas sobre la desaparición de Alfredo Jiménez y dio a conocer lo que para él eran algunos eslabones de esta historia. Dijo que además de Gelasio Beltrán Medina, en la desaparición del reportero pudo estar involucrado también José Luis Esquivel Leal, conocido como El Avalancha, el Güero Tepokas y el Güero Esquivel. No dio mayores detalles sobre este personaje, pero un año después sería del dominio público. El viernes 27 de octubre de 2006, El Avalancha fue detenido en la sierra de Sonora por el Ejército junto con siete sicarios más en posesión de un arsenal. Los sicarios fueron detectados en un puesto de control ubicado en San Nicolás, Municipio de Yécora, en posesión de tres pistolas escuadra, calibres .38 super, armas .9 milímetros y .45. Esquivel Leal dijo llamarse Manuel López, pero su identidad estaba plenamente ubicada. Fueron trasladados a las instalaciones de la PGR en Ciudad Obregón y la dependencia fue resguardada por el Ejército ante el temor de que intentaran rescatarlos. Dos días después fueron trasladados a la Ciudad de México. Junto con El Avalancha, fueron consignados al Ministerio Público Federal de Ciudad Obregón Heriberto y Honorio Nevárez Caraveo, Julio Pérez Bernal, Cristian Jaciel Delgado López, Jesús Corral Carrera, Gregorio García Valdenea y Salvador Ortega Carvajal. También llevaban 33 cartuchos útiles, cinco cargadores, 450 gramos de semillas de mariguana, 23 mil 85 pesos, 114 dólares, siete equipos de radiocomunicación y tres teléfonos celulares. Según informes de la Cuarta Zona Militar, “El Güero Avalancha” es presunto integrante de una de las células del narcotráfico que opera en la entidad, responsable de varios homicidios en Sonora y Sinaloa. Esquivel Leal nació en Xalisco, Nayarit, y utilizaba varios nombres: Manuel López Avitia, José Luis Esquivel Leal, Rodrigo del Real Esquivel, Héctor Alonso Esquivel Ramírez y José Luis López Duarte; también se le conoce como: “El Güero”, “El Avalancha”, “El Tepoca” y “El Doce”. Con la detención del Avalancha, de nuevo la prensa sonorense pensó que el crimen de Alfredo se aclararía. Pero de nuevo privó y priva el silencio del gobierno federal. Nunca se volvió a informar del caso. El testigo insospechado Ya se había dicho que una fuerte línea de investigación del caso Alfredo debía conducir hacia las tripas del gobierno estatal encabezado por Eduardo Bours Castelo, y un testimonio insospechado vino a confirmarlo. En su edición 1577 de febrero de 2007, la revista Proceso publicó una amplia entrevista con Jesús Francisco Ayala Valenzuela, un teniente de la policía municipal de Navojoa, quien afirmó que los que perpetraron el crimen contra Alfredo Jiménez Mota fueron funcionarios del gobierno estatal liderados por el hermano del gobernador, Ricardo Robinson Bours. Entre los funcionarios involucrados menciona al procurador de justicia Abel Murrieta, y al ex jefe de la policía judicial, Roberto Tapia Chan. Cuando se enteró, el gobernador sólo dijo que ya sabía quiénes eran “los perros” que estaban atrás del teniente. Y no se sabe hasta ahora que alguien en el gobierno federal esté investigando la veracidad del testimonio. |
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Un mes y medio después de que el periodista Alfredo Jiménez Mota desapareció el 2 de abril de 2005, fueron encontrados tres hombres muertos en un canal de Ciudad Obregón. Nadie relacionó los hechos esa vez, aunque después eran muchos los que pensaban o sabían que la desaparición y el triple crimen estaban íntimamente ligados.